

XIX
Ciclo de conciertos 2026
MUJERES AL ÓRGANO
Música de Órgano en San Ginés
A punto de alcanzar la vigésima edición, en el presente Ciclo de Música de Órgano en San Ginés participarán tres mujeres organistas. Quizá sea necesario recordar que, tradicionalmente, a la mujer no le estaba permitido ejercer la profesión de organista en los puestos de relevancia, como los de catedrales, colegiatas o grandes parroquias, excepto en los conventos de religiosas en los que, tanto la maestra de coro como la organista eran mujeres, por razones evidentes. Esta restricción se mantendrá aún después de las reformas de la liturgia que tendrán lugar a comienzos del siglo XX con el Motu Proprio del año 1903.
No obstante, durante la segunda mitad del siglo XIX, en diversos países de Europa se detecta una corriente en la que las mujeres comenzaban a destacar como magníficas intérpretes al órgano, al igual que ya venían haciéndolo en el piano, en el violín o en el arpa. La primera organista que consigue una plaza titular en una catedral europea fue la sueca Elfrida Andrée en 1866 en la ciudad de Gottenburgo: casualmente, de ella escucharemos en nuestro ciclo una interesante pieza para órgano. Será durante la primera mitad del siglo XX cuando en Francia surgirán las primeras grandes intérpretes virtuosas del órgano. Por una serie de motivos en los que confluyen el esplendor de la escuela organística francesa del momento con grandes maestros y compositores, la mujer en el órgano se establecerá no tanto como una profesional sino como una concertista de gran nivel, a lo que contribuiría especialmente la difusión de sus interpretaciones a través de la discografía. Así encontramos la figura fulgurante y mística de Jeanne Demessieux, cuyo legado discográfico la convierte en referencia interpretativa aún hoy día, y a la gran Rolande Falcinelli, contemporánea de la anterior y maestra de una pléyade de los más grandes organistas de la segunda mitad del siglo, seguidas de Odile Pierre, maestra y concertista internacional, y de Marie-Claire Alain, perteneciente a una importante familia de músicos, que quizá sea la más conocida por todos. De otros países de Europa cabe citar por su importancia en el mundo de la interpretación a nivel internacional a concertistas de la talla de Gillian Weir o Jennifer Bate, en el mundo anglosajón, o a Rosalinde Haas en Berlín.
En España, el mundo de las organistas tiene como primera figura referente a María Josefa Valverde, quien fue profesora de órgano en el Conservatorio de Madrid, continuando la obra de Jesús Guridi, y concertista pionera durante los años 50 y 60 del pasado siglo, protagonizando el estreno en España de la obra de Olivier Messiaen y de otros maestros del siglo XX. En el mundo exclusivo del concierto destaca María Teresa Martínez Carbonell, intérprete de poderosa técnica, reconocida especialmente en toda Centroeuropa. Por último, la organista más cercana y reconocida es la maestra centenaria Montserrat Torrent, quien ha formado a la mayor parte de los organistas españoles actuales.
En nuestro ciclo “Música de órgano” en San Ginés hemos logrado, en la medida de lo posible, que participasen organistas de nivel, de las que recordamos en la primera década de andadura a María Nacy, Caroline Shuster-Fourniers, Liudmila Matsyura, así como Riyee Hong y Marta Mistzal. En repetidas ocasiones hemos tenido la participación de las mejores representantes de la escuela moderna, como es el caso de Loreto Aramendi, Esther Ciudad o Ana Aguado.
En los tres recitales de este año contamos con tres mujeres organistas pertenecientes a tres generaciones distintas: la joven alemana Mirjam L. Haag, que se caracteriza por una especial sensibilidad en la interpretación de la obra de Bach; Saskia Roures, cultivadora de un repertorio diverso de estéticas contrastadas relacionado con su recuperación patrimonial; y Pilar Cabrera, consagrada concertista dedicada al gran repertorio organístico. A través de ellas escucharemos músicas muy diversas, más si cabe que en otras ocasiones. Músicos de rabiosa vanguardia, compositores vivos como Arvo Pärt o Rauno Remme, y otros recientemente desaparecidos como Michael Radulescu, concertista reconocido por su estilo renovador en la interpretación de Bach, o Akira Nishimura.
Del repertorio tradicional tendremos obras infrecuentes de la música romántica, como las de Joseph Jongen, o Elfrida Andrée. Junto a ellas, tres grandes piezas de Cesar Franck y, como siempre, una buena selección de obras de Johann Sebastian Bach, entre las que destaca la Passacaglia o la Fantasía y Fuga en sol menor, y de Georg F. Haendel, la transcripción de un concerto grosso para órgano solo.
Felipe LÓPEZ
Director Artístico del Foro del Órgano en Madrid


















